Cabanchik en Crítica: “Un fantasma recorre el Senado” (25/09/08)

El kirchnerismo no pudo aprobar la ley de movilidad jubilatoria. La sesión en la Cámara alta fracasó después de que el oficialismo no consiguiera los dos tercios necesarios para discutir el tema sobre tablas, por la negativa de los senadores de la oposición.

Desde la mañana temprano, el presidente del bloque oficialista, Miguel Ángel Pichetto, intuía que una de las leyes de Murphy se estaba por cumplir en el Senado. Ésa que dice que si algo puede salir mal, seguramente saldrá mal. Tal vez fue por eso que se escuchó su queja: “Todas verdes, ni una maduran me tiran”. El lamento tenía un claro destinatario: en principio, el Gobierno. En segundo término, la Cámara de Diputados, cuerpo en el que últimamente el oficialismo inicia todos los proyectos. La Casa Rosada prefiere negociar las modificaciones con Diputados –tal como sucedió con la resolución 125 o el rescate de Aerolíneas Argentinas– y le quita a la Cámara alta margen para nuevos cambios.

Las señales que Pichetto percibió a primera hora se confirmaron horas más tarde. La sesión fracasó, pero la discusión que los senadores mantuvieron durante casi 80 minutos fue una pintura del actual momento político. “Estamos viviendo en la Argentina un tiempo de extrema fragilidad”, dijo Pichetto, para atacar a la oposición y a Julio Cobos. Sin quererlo, la frase también explica el presente del Gobierno.

El oficialismo tuvo 43 votos para discutir el proyecto. Le faltaron tres para saldar la norma ayer mismo. Hubo cuatro ausentes: Carlos Menem y Juan Carlos Romero, de licencia, y los catamarqueños Ramón Saadi y Oscar Castillo, demorados por los vuelos de Aerolíneas. La oposición sumó 25 votos en contra.

El mendocino Ernesto Sanz había comprometido el apoyo del radicalismo para discutir el tema en esta sesión. Acompañado por los bloques de la Coalición Cívica, por los puntanos Adolfo Rodríguez Saá y Liliana Negre, más los provinciales del MPN o el cordobés Carlos Rossi, los radicales dieron marcha atrás y negaron el acuerdo de Sanz.

“Sé que Sanz fue copado por el ala dura”, dijo Pichetto, tratando de preservar su relación con el mendocino. De hecho la voz cantante del radicalismo la tuvo el jujeño Gerardo Morales. Los matices dan cuenta de una interna que, luego del conflicto con el campo, no deja de convertirse en más que evidente.

La presidencia de la sesión quedó en manos del bonaerense José Pampuro ya que Cobos cumple el rol de Presidente en ejercicio. Sabiendo que los dados le jugaban en contra, el bonaerense impulsó un cuarto intermedio con los presidentes de bloque. Aunque el debate se basó en aspectos reglamentarios, las posiciones fueron políticas y pusieron en evidencia varios rasgos de la época. El oficialismo se mostró aguerrido en pedir el tratamiento del proyecto y entregar muestras de fe kirchnerista. Y cuestionó a la oposición por faltar a su palabra.

Morales dijo que no era la primera vez que se cambiaba el plan de labor en el recinto. Recordó que lo mismo había pasado cuando el kirchnerismo intentó aprobar el pago de una deuda cuestionada al grupo Greco. El radical insistió en afirmar que la fórmula de movilidad era confiscatoria. Liliana Negre de Alonso, de San Luis, deslizó que, de violarse el reglamento del cuerpo, se corría el riesgo de que la ley fuera declarada inconstitucional. El argumento sacudió a los más reflexivos del oficialismo. “No podemos debatir con un revólver en la sien”, afirmó por su parte el porteño Samuel Cabanchik de la Coalición Cívica. Desde su banca, el formoseño José Mayans respondió la afirmación y la calificó como una “metáfora maligna”. Pichetto salió en defensa de la norma, dijo que es una buena ley y comprometió su palabra de que el aumento que se otorgará en marzo a los jubilados tendrá “un piso mínimo del 18 por ciento”. Y adelantó que la Presidenta está estudiando aumentar las jubilaciones en noviembre de este año. La revancha será el miércoles que viene.

Teléfono rojo desde New York

La oposición comenzaba a explicar que no apoyaría el tratamiento sobre tablas de la movilidad jubilatoria cuando un asesor se acercó hacia la banca del jefe del oficialismo, Miguel Ángel Pichetto, para entregarle un celular. Del otro lado de la línea estaba Cristina Fernández de Kirchner. Se escuchó claramente en el recinto que el rionegrino le explicaba que no tenía los votos para tratar la iniciativa. Era una mala noticia y la Presidenta se había preparado para escucharla. Por la mañana, Pichetto ya le había adelantado a Cristina que los bloques opositores no darían los dos tercios para discutir el tema. La Presidenta puso el grito en el cielo. Desde ese momento Cristina monitoreó la sesión.

La única recomendación fue fiel al estilo K: no postergar el mal trago. Desde el otro lado de la Plaza de Mayo también hubo monitoreo. Un llamado del jefe de Gabinete, Sergio Massa, buscaba noticias frescas para transmitir a Nueva York. No hubo caso. Pichetto no tuvo nada mejor que transmitir.

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