Cabanchik en la Gaceta: “Réquiem al desaire” (19/10)
Las manos empiezan a moverse con ritmo. Los dedos se vuelven piernas que saltan y bailan sobre mosaicos negros. Las caricias sobre el piano se convierten en música que llega al corazón. La música se suelta por todo el teatro y hasta los presos sienten la locura, la fuerza y la emoción de la libertad.
Miguel Angel Estrella no se cansa de contar anécdotas de sus conciertos, donde la música siembra la esperanza. Algunas vez contó cómo un preso del Africa, mientras escuchaba la cadencia que salía del piano, sentía que llovía y que disfrutaba del agua en una gran pradera. Quieto y, aún preso, podía beber sorbos de libertad y hasta de creación.
La política de los tucumanos de hoy no tiene música. Aunque Estrella siga haciendo que su piano emocione, los pasillos públicos e institucionales son muros que no dejan pasar las buenas ondas y sus ocasionales habitantes tienen tapones en los oídos.
Sin ninguna cadencia oficial se apaga hoy la llama del II Congreso Argentino de Cultura. Tucumán, durante décadas, se sintió orgulloso de su cultura, de sus creadores y de sus pensadores. Hasta que se convirtió en Tucson, donde los valores se desvalorizaron.
El desembarco de los intelectuales, y de hombres y mujeres que hablan, con autoridad, de lo que saben, envolvió las calles y los bares tucumanos con charlas sazonadas con condimentos ya olvidados -o tal vez en vías de recuperación-. Pero la música del cucharilleo trasnochado quedó desacompasado por una provincia en la que sus habitantes tienen problemas para abrazar amigos, causas y desconocidos. Es en este contexto que se entiende que José Alperovich haya esperado hasta la mañana de la inauguración del Congreso para destacar la importancia del encuentro de cultura. El gobernador le dio la espalda hasta el último minuto. Por las dudas, también dejó vacío su sillón en el momento de la apertura.
Muy distinta fue su postura durante la cumbre del Mercosur. Si bien se trataba de una reunión de mayor envergadura por la visita de presidentes extranjeros, el titular del Poder Ejecutivo se comportó como un auténtico anfitrión.
A la cultura le dio la espalda. No sólo no hizo ni una mención, ni la promoción personal que él suele darles a los acontecimientos oficiales, sino que, además, se tomó su avión. Exactamente lo mismo realizó “el hombre que él inventó”. El vicegobernador Juan Manzur se dio el olivo. El presidente subrogante de la Legislatura, Sergio “La Burra” Mansilla, fue el único que puso la cara. A su lado, la primera dama y diputada, Beatriz Rojkés, se hizo cargo de lo que no quiso su marido.
Antesala
El congreso tuvo como antesala un fuerte ataque al presidente del Ente de Cultura de Tucumán, Mauricio Guzman. Haber sido funcionario durante la gestión última del general preso -en un country- Antonio Bussi estuvo a punto de sacarlo de ese sillón. Alperovich tuvo tiempo de cambiarlo y no lo hizo. Desde la Nación siempre lo alabaron a Guzman hasta que se enteraron de su antecedente laboral. Tal vez esa haya sido la razón por la que el propio secretario de Cultura de la Nación, José Nun, tampoco vino a la inauguración. Todos tenían justificativos. Todos tuvieron problemas de agenda, pero deberían reclamarles a sus asesores, porque el Congreso estaba organizado hacía mucho tiempo. En todo caso, si el gobernador quería hacer el desaire o las autoridades nacionales compartían ese problema, podrían haber destituido a Guzman. Si desde la Nación son capaces de digitar quién debe ingresar en la Corte Suprema de Justicia de la Provincia y quién no, tampoco habría habido problema para desplazarlo. Pero no se hizo. Entonces, ¿por qué provocar esta situación incómoda para los tucumanos?
Algo parecido ocurrió con algunos intelectuales. Tanto es así que el filósofo Samuel Cabanchik advirtió públicamente su sorpresa porque muchos tucumanos quedaron ausentes -autoexcluidos o excluidos oficialmente- de un encuentro que por muchos lustros es posible que no se vuelva a repetir.
La hora unitaria
En este mundo de las vanidades políticas y de las mezquindades sociales todo se circunscribe a lo que ordena mamá desde la Rosada. Así también se ignoró la tan proclamada y defendida -mentirosamente- unidad de la región ante la decisión del adelantamiento de la hora. Alperovich no dudó ni un segundo en cumplir la voluntad K. Tan difícil es dialogar con las demás provincias para solucionar o ayudar a la normal convivencia de los pobladores.
El disfraz federal de la Argentina es un traje a medida para los gobiernos que creen que sus gestiones son exitosas. Cuando se sacan el traje, se dan cuenta de cuán desaliñados están.
Ellas y ellos
Tanto el oficialismo como la oposición ya han puesto la proa hacia los comicios de 2009.
Demasiado temprano se preocupan por las candidaturas, cuando todavía no se sabe cómo se saldrá del huracán en el que han entrado todas las economías del mundo.
Por eso suena absurda la discusión en la que entró esta semana el peronismo. Cada sector intenta mostrar cuánto más leal es al justicialismo. Y lo cierto es que la lealtad, antes que nada, empieza por sí mismo.
Por eso a nadie sorprendió que cuando la diputada Stella Maris Córdoba apenas terminó su acto en Famaillá, a sólo 100 metros, los mellizos Orellana pusieron en marcha su mitin, al que asistió nada menos que Rojkés de Alperovich. Ambas políticas son diputadas, kirchneristas; sueñan con llegar al Senado, pero no se pueden ver entre ellas. No son las únicas heridas que muestra el oficialismo. La más concreta es la de Domingo Amaya, a quien desde el alperovichismo porfían en molestarlo hasta hacerlo poner colorado.
La última fue el 8 de octubre. En esa fecha nació Juan Domingo Perón y desde el Partido Justicialista se había decidido un acto en el que se pondría dos ofrendas florales. Una la colocaría la presidenta del PJ, Rojkés de Alperovich, y el intendente de Capital. El día de la conmemoración estaba solito con la ofrenda Amaya y nadie le avisó que la primera dama había decidido no asistir. El lord mayor se retiró refunfuñando palabras poco decorosas contra el ministro de Gobierno y secretario del PJ, Edmundo Jiménez.
“Zapatero, a tus zapatos”
La oposición no tiene ninguna vacuna contra las internas y los intereses mezquinos. El Movimiento Productivo Argentino de Eduardo Duhalde todavía no logra el lanzamiento esperado en Tucumán. Fernando Juri sigue siendo el referente principal, pero a la hora de hablar de candidaturas son muchos los anotados, especialmente algunos políticos que quieren volver luego de años de retiro.
Uno de los lugares siempre estuvo reservado para recibir a algunos sectores del campo. Los principales dirigentes de los productores se envalentonaron cuando consiguieron que medio país defendiera sus intereses. En verdad se trató de una señal contra la soberbia kirchnerista.
Hoy las cosas han cambiado. Los hombres y mujeres de campo están sintiendo las consecuencias de las tempestades globalizadas y tienen miedo. Hay dirigentes que no están dispuestos a priorizar la participación en la arena política.
Claro que no faltan algunos mozuelos que se entusiasmaron con las candilejas y que están esperando que los llamen. En política eso implica que se queden esperando porque el teléfono no va a sonar. “Zapatero, a tus zapatos”, suele aconsejar la sabiduría popular.
En jaque
Esta noche, cuando se baje el telón del II Congreso Nacional de Cultura, quedará la siembra de ideas, proyectos, pensamientos, críticas y propuestas para una sociedad que está acostumbrada a que los mimos sólo lleguen en tiempos electorales.
Cuando empieza a sonar la música, los reos pueden tener sensaciones de liberación; en cambio, en el poder siguen sintiéndose presos porque, para ellos, las teclas del piano se convierten en un tablero de ajedrez en el que la estrategia es ganar aunque el movimiento de piezas sea perjudicial como el cambio de hora, las deslealtades o los desaires a la cultura sin razón.

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