Samuel Cabanchik: Elecciones Anticipadas 25-03-09

Parte 1

Parte 2

Versión Taquigráfica de la intervención

Sr. Cabanchik.- Señor presidente: venimos a debatir en esta sesión un proyecto de ley precedido por un argumento, que está en los fundamentos del Poder Ejecutivo para girarlo al Congreso Nacional, que menciona la crisis económica internacional.

Pero el discurso se va cargando con el tiempo de otra significación, como lo expresan los diferentes referentes del oficialismo y acabamos de escucharlo también aquí en la Cámara. Se dice que hay una crispación política en el país.

Quisiera que comencemos por reflexionar qué vínculos se hacen entre esos dos elementos. Se habla de la crisis económica internacional. El presidente del Banco Mundial, en un reportaje que salió publicado en un medio gráfico hace pocos días, dijo. “veo que estamos pasando de una crisis financiera a una crisis económica, que a su vez se está transformando en una aguda crisis ocupacional. Esta luego se convierte en una crisis social y humana que en ciertos países puede provocar también una crisis política”. Fíjense la compleja secuencia causal que establece el presidente del Banco Mundial entre la crisis financiera y la posible crisis política de algunos países.

Esta crisis o crispación política de la Argentina no tiene ninguna conexión causal con la crisis económica internacional; es made in Argentina. Entonces, si este es el clima de crispación que están justificando, ya cada vez más explícitamente, las razones que da el Poder Ejecutivo y el oficialismo expresado en ambas cámaras para el adelantamiento de las elecciones, quiero tomarme en serio esa crispación política como la verdadera causa que ha llevado al Poder Ejecutivo a proponernos en forma intempestiva e inconsulta este adelantamiento de las elecciones.

¿Cómo se genera esta crispación política? Tengamos en cuenta que hace menos de un año y medio, en el año 2007, se produjo la renovación presidencial. ¿Qué es lo que pasó desde entonces hasta ahora? Lo hemos vivido y lo estamos viviendo. Creo que en lugar de tener una gestión de gobierno que gobierne, cada vez más estamos teniendo una gestión de gobierno que se dedica a pelearse con tal o cual sector, desde luego con la oposición permanentemente; con todo el espectro que conforma el sector agropecuario, una pelea que ya lleva más de un año. Se pelea con distintos actores de la sociedad. Pero la peor de las peleas en las que está el gobierno nacional es la pelea con la realidad. Ha querido ganarle a la realidad misma, por ejemplo, creando las encuestas del INDEC, según las cuales mágicamente la pobreza se disminuye a la mitad, la indigencia a un tercio, el salario crece el doble de lo que ha crecido realmente. Todos esos índices centrales para fijar una política nacional de cara a los problemas de la agenda real de la Argentina: los trece o catorce millones de pobres o los altos índices de indigencia que hay en nuestro país de modo permanente. A ello se suma la creciente inseguridad que, desde luego, no es una mera sensación. Todos lo sabemos: hay más inseguridad en la Argentina.

Entonces, esto, que es la agenda real, se confronta con una discusión en la que se convoca al Congreso Nacional, y de urgencia –porque siempre se hace forzadamente, con escaso tiempo, con una espada de Damocles encima-, a debatir el adelanto de las elecciones.

¿Qué tiene que ver eso en forma directa con la crisis, no nacional ni internacional, sino con los problemas que debemos resolver? Toda nuestra inteligencia y nuestra energía deberían estar puestas al servicio de resolver esos problemas. Sin embargo, estamos acá discutiendo adelantar las elecciones cuatro meses.

Es atendible el argumento de muchos referentes del oficialismo nacional que dicen: “Pero de esta forma, vamos a abocarnos más prontamente y mejor a resolver esos problemas”. No obstante, eso es incongruente e inconducente, porque adelantar cuatro meses las elecciones para diputados y senadores nacionales y cargar con lo que ello significa, lo único que se hace es desplazar la discusión y la resolución de los grandes problemas por este otro tema. De ninguna manera adelantar las elecciones nos acerca a la resolución de los problemas.

Por otra parte, no se puede hacer esto sin consulta, de “prepo”, en nombre del consenso futuro. Eso es casi un chiste de mal gusto. Supongamos que este proyecto se convierta en ley, ¿recién el 29 de junio vamos a sentarnos todos juntos a la misma mesa para procurar una solución en beneficio de la Patria, que es lo principal que debería preocuparnos? ¿pero por qué no lo hacemos hoy? ¿Por qué tenemos que esperar al 29 de junio? Pareciera que el gobierno nacional dijera: “Denme otra oportunidad. Desde el 10 de diciembre hasta ahora, reconocemos –pero sin reconocerlo claramente- que hicimos bastantes cosas mal. Queremos empezar de nuevo. ¿Nos dejan empezar de nuevo el 29 de junio?” En estas cosas no hay repechaje. No podemos poner una fecha de corte para empezar de nuevo. El gobierno debe hacerse cargo de todo lo que llevamos ya a cuestas hace ya más de un año y que parece una eternidad.

Las incongruencias del gobierno nacional, al exponer su posición frente a esta propuesta de cambio, son bastante numerosas. Empiezo por señalar aquella que recorrió, a través de los ministros del Interior y e Justicia y del diputado nacional Landeau, los diferentes espacios públicos, en los que se encargaron de decir, una y otra vez, “¡cómo se le ocurre a la oposición pretender reformar el Código Electoral Nacional en un año electoral! No. Eso no puede hacerse ¡Es una barbaridad!”, dijeron. Lo hicieron también frente al proyecto de boleta única, que ya tenía más de un año de presentado en esta Cámara por muchos de los bloques que conformamos el espacio opositor.

Entonces, fíjense la incongruencia. En medio de un año electoral, no iban a cambiar el Código Electoral Nacional. Sin embargo, ahora el Poder Ejecutivo habilita ese cambio, esa discusión. Desde luego, no hace falta abundar en que es falaz decir que acá no hay ninguna modificación del Código Electoral Nacional, sólo una suspensión del cronograma. Eso es falaz y me alegro de que el senador Fernández haya dicho en su presentación que se modifica el Código Electoral Nacional. Efectivamente, es un aspecto que se modifica de la ley, que fija muchas cosas, entre ellas el cronograma. No es una suspensión, porque ese es el Código Electoral Nacional que se va a aplicar en las próximas elecciones. Si estuviera suspendido, no lo tendríamos para aplicar. No se ha suspendido esa ley, sigue vigente. No se puede decir que se suspende sólo un artículo: se lo está modificando, porque lo que se modifica es el cronograma. Y agregar por única vez no borra esa situación, porque todos los años podríamos hacerlo por única vez y, entonces, se volvería permanente. Es pura retórica.

Entonces, el gobierno nacional se negó a hacer un cambio importante, de mayor calidad institucional, como era poner un instrumento de votación que nos evite el secuestro del voto. No voy a hablar de fraude, pero sí de secuestro de voto, por la cantidad de robo de boletas que se pudieron observar y padecer, sobre todo en el turno eleccionario de 2007. Entonces, en lugar de ponernos a avanzar en eso, a mejorar la calidad institucional entre todos, a proteger el otro, hacemos este cambio a mitad de camino y adelantamos cuatro meses las elecciones sin consultar a nadie.

Sí, está el Congreso Nacional. El Poder Ejecutivo parece muy abierto a discutir las cosas desde el Congreso Nacional mientras calcula que va a ganar la votación, pero no ha dado quórum para la sesión especial en la Cámara de diputados, cuando pretendía tratarse uno de los temas centrales que tenemos que resolver porque estamos en medio del conflicto.

¿El Congreso Nacional vale solamente cuando va a ser un instrumento más del avance de las políticas del Poder Ejecutivo? No, tiene que ser el Congreso Nacional uno de los instrumentos de la gobernabilidad. Somos nosotros, también, parte de esa estructura de gobernabilidad, que es la estructura del Estado argentino, tanto oficialismo como oposición. Entonces, tenemos que trabajar juntos por esa gobernabilidad.

¿Cómo puede ser que ni siquiera los jefes de los bloques opositores se les haya adelantado el proyecto y se haya dialogado con ellos para poder consensuar la fecha de las elecciones, para poder avanzar juntos en la iniciativa? Quizás hubiera podido ser convincente el Gobierno Nacional tomando ese recurso como método.

Además, dentro de las incongruencias, el ex presidente de la Nación y presidente del Partido Justicialista dijo algo que yo podría estar diciendo ahora como si fuera mío: ¿Por qué adelantan tanto las elecciones, tienen miedo a perder? ¿Dónde está la calidad   institucional? Esto lo dijo sólo hace dos o tres semanas condenando el adelantamiento de elecciones en la Capital Ahora tenemos esto, otra de las incongruencias del Gobierno nacional.

Una incongruencia es convocarnos a un diálogo sin diálogo; es querer discutir la agenda nacional sin discutirla; es conectar una crisis internacional, que no tienen nada que ver con nuestra crispación política, con ésta misma ¿Por qué no nos hacemos cargo de una buena vez?

Siempre le estoy pidiendo, desde esta banca, a la presidenta de la Nación que conduzca otro proceso, que realmente conduzca el gobierno y no la confrontación permanente, ni con sectores ni con la oposición y menos aún con la realidad. Confrontar con la realidad es insensato y nos va a llevar a lo peor.

Efectivamente, podemos recordar aquí las palabras de la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner al defender, en noviembre de 2004, la fijación del cronograma electoral que figura en el Código Electoral Nacional…Argumentó en ese momento que eso era, más o menos, como el modo utilizado por los americanos. Decía lo siguiente” Hace 200 años los americanos fijaron que el primer martes de noviembre habría elecciones en los Estados unidos. Se quiera adoptar un sistema similar aquí, en la Argentina, en 2004. Desde mi punto de vista, siempre hay que imitar lo que resulta bien: si es bueno, hay que tomarlo. Además, el hecho de tener organización institucional no es de derecha o de izquierda, es de sentido común”.

¿Se habrá arrepentido la senadora Cristina Fernández de Kirchner de lo que dijo entonces? ¿Habrá un doble comando dentro de ella; uno como senadora y otro como presidenta? ¿Tanto cambiaron las circunstancias del país para pensar que aquellas razones ya no valen?

Es cierto que se puede argumentar que, de todas manera, se fija una sola fecha, el 28 de junio, para las elecciones nacionales en todos los distritos, que eso se mantiene de aquella propuesta. Otra cosa es adelantarla de “prepo”, de golpe, rápidamente en cuatro meses.

Además, conculca derechos. ¿Qué le estamos haciendo a todos aquellos que iban a empadronarse en marzo o abril? Hasta el primero de mayo, tenían tiempo con el cronograma vigente. Los hemos dejado fuera del padrón electoral, los hemos dejado fuera del voto. A muchos jóvenes, que tendríamos que invitar a sumarse a la política, nosotros mismos les estamos diciendo que esta vez no. Seguramente, después del 29 de junio, que todo va a cambiar y vamos a tener un país de maravillas, ahí vamos a invitar a los jóvenes a sumarse a la política mediante el ejercicio del voto. El senador Pichetto ha hablado de la importancia de fortalecer la política y los partidos políticos. Dejando fuera del padrón a la gente no lo hacemos. Tampoco lo hacemos no permitiendo las internas para la organización de los partidos políticos.

(…)

Decía que se lesiona o devalúa la importancia de los partidos políticos porque no se les ha permitido hacer sus internas – abiertas, cerradas o como fuere- ya que no hay tiempo y se ha negado la posibilidad de confeccionar la boleta única o cualquier otra reforma.

Parece que hacen señas, señor Presidente.

Sr. Presidente.- El senador Pichetto le solicita una interrupción, ¿la concede?

Sr. Cabanchik.- Sí, por supuesto.

Sr. Presidente.- Para una interrupción, tiene la palabra el Senador Pichetto.

Sr. Pichetto.- Señor presidente: he sido aludido por el senador Cabanchik. Respecto del acortamiento de plazos y de que no se dejan hacer internas, quiero recordar que la líder de la Coalición Cívica, hace muy poco tiempo, en oportunidad del tratamiento de la ley que fijó plazo al proceso electoral y determinó la fecha del cuarto domingo de octubre, presentó un proyecto de ley en la Cámara de Diputados para limitar la extensión de las campañas políticas en virtud de la situación económica, etcétera, dejándolo con un plazo de 32 días.

Digo que, a veces, ha que ser más equilibrado con lo que se dice y hay que analizar la historia y el pasado de cada uno.

Sr. Presidente. – Continúa en el uso de la palabra el señor senador Cabanchik

Sr. Cabanchik.- En realidad, aunque no quiero entrar en un debate personal, debo aclarar que el argumento no se sostiene en contra de lo que se afirma desde la oposición.

La discusión de limitar la campaña electoral es muy diferente del cambio de la fecha. O sea, podríamos estar todos de acuerdo en que, si estamos inmersos en una crisis nacional, con componentes nacionales e internacionales, relacionada con la recesión, la exclusión social, la inseguridad, etcétera, bien podría la presidenta de la Nación convocar a todos para hacer un acuerdo de dejar la campaña electoral, no anticiparla y acortarla. Ahora bien ¿es necesario que para eso se cambie la fecha? Se podrí haber realizado un acuerdo para dejar la campaña del 29 de junio en adelante, si les gusta esa efemérides.

Por todo ello, me parece irrelevante la cita del senador Pichetto. No importa., Aquí estamos para tratar de hacer lo mejor y concedo que todos debemos ser coherentes. Por ejemplo, asumo que el senador Pichetto, a fin de argumentar la necesidad de colocar aquella fecha de octubre, que sería por doscientos años, utilizó el mismo razonamiento que ahora. ES decir, el argumento que ahora sirve para adelantar las elecciones sirvió entonces para ser previsibles. O sea, el mismo argumento para tesis casi contrarias. Un argumento sofístico, en todo caso.

En noviembre de 2006, se estableció la fecha del cuarto domingo de octubre, pero comenzaba a regir en 2007. Es decir, hubo un año de anticipación. Ahora se lo hace a las apuradas.

¿Cómo hará el Ministerio del Interior y la Justicia Electoral Nacional para organizar este comicio y el escrutinio provisorio en todas las jurisdicciones? Desde el Congreso Nacional, debió hacerse una consulta pública a la Cámara Nacional Electoral ¿Se hizo eso para ver qué pasaría con el cronograma y se si podía cumplir correctamente?

Además, con todos los problemas que hubo y denunciamos en 2007, y no tengo por qué pensar que el Poder Ejecutivo es cómplice de las malas praxis de 2007 y menos tengo por qué pensar que los miembros del oficialismo parlamentario se hacen cómplice de ello, estamos ante problemas que nos atañen a todos, oficialismo y oposición. Todos estamos padeciendo la distorsión del acto de votación y nos corresponde proteger el voto.

Si eso es así, y es un problema común de calidad institucional y de la democracia en su conjunto, ¿por qué no se hace nada para resolverlo? ¿Qué nos espera el 28 de junio al votar con las mismas condiciones de la última votación, es decir, la falta de boletas, su control, fiscalización, los robos y los problemas con el horario de comienzo y finalización del acto comicial? ¿Qué nos espera el próximo 28 de junio frente a lo que sucedió en 2007? Ni siquiera nos hemos dado tiempo para tomar recaudos. Por ello, es que hay muchísimas razones para no hacer este cambio del cronograma electoral.

Yo creo que, por el contrario, desde el Congreso de la Nación debiéramos decirle al Poder Ejecutivo que estamos de acuerdo, pero que primero hay que resolver la crisis, para tener un Estado en condiciones de proteger a su sociedad y de darle, dentro de las dificultades, el mayor bienestar posible. Todos estamos de acuerdo con eso.

Entonces, hagamos ese acuerdo nacional al que debe convocarnos el Poder Ejecutivo. Creo que todos vamos a sumarnos si es de hecho de verdad y con honestidad; seguramente, no tendría por qué ser así. Eso nos va a ayudar a superar la violencia social y política, porque es muy importante el peso simbólico que tiene en la población la forma en que se conducen sus referentes, sus dirigentes nacionales, todos, dentro y fuera de la política.

Todos aquellos que son referentes nacionales están enviando un mensaje a la población, y si las peleas son feroces dentro del seno de la política o entre sectores, no estaremos convocando al diálogo ni a resolver los problemas. El adelantamiento de las elecciones es parte del problema, no de la solución; está dentro de la dinámica del conflicto y no planteada como algo fuera de ella. ¿Por qué postergar ese reencuentro de los argentinos, que es cada vez más necesario?

A su vez, me permito decir que son tantas las confusiones que el propio Ministerio del Interior, a través del área de la Dirección General Electoral, por lo menos hasta el día de ayer, hablaba de que las elecciones serían el 28 de octubre, algo insólito, porque nunca se iban a realizar ese día, que no corresponde al cuarto domingo de octubre – que es el 25 de ese mes-. Eso figura en la página oficial del Ministerio del Interior. Yo creo que el gobierno se confunde a sí mismo y, de esa manera, confunde a toda la población argentina. En este sentido, digo que hay que parar un poco la confusión.

Entonces, desde nuestro bloque, reiteramos nuestra voluntad permanente y renovada y el llamado a la Presidencia al a gestión Kirchner y al matrimonio presidencial para que se dejen de pelear con los argentinos y para que, simplemente, se dediquen a gobernar. Todavía quedan más de dos años y medio de gobierno por delante. ¿Cómo vamos a transitarlos con este clima de exasperación, con estas propuestas que son siempre “esto o el abismo”? Hace poco se sostenía que se votaba a favor de la resolución 125 o el país se acababa; eso ocurrió el 17 de julio del año pasado, y ni el país, ni el gobierno, ni este Congreso se acabaron.

Lo mismo pasa ahora: ¿Por qué no nos damos esa posibilidad?, ¿Por qué no hacemos las consultas que tengamos que hacer con la Justicia Electoral y con el Ministerio del Interior, citando al Congreso a los funcionarios del poder Ejecutivo y, mientras tanto, le proponemos a la Presidencia que haga de un modo distinto una convocatoria al diálogo y al consenso? Que no lo postergue para el 29 de junio; le proponemos que lo hagamos ya, para pensar juntos cuáles son los mejores caminos para que los argentinos estén mejor.

No quiero caer en golpes bajos, pero queremos disponer de la posibilidad de que todos nosotros confiemos en que tenemos un Estado que frente a una epidemia de dengue nos va a proteger, como así también de cualquier otra plaga que surja aquí o que venga de afuera. En cualquier caso, somos los argentinos los que nos vamos a dar el mejor o el peor destino. Y eso no se logrará de esta forma, imponiéndonos siempre unos tras otros los proyectos ni tirándonos con el número de los votos.

Porque no es tan diferente –quiero decir que no es todo lo diferente que debiera ser- el gobierno de la fuerza por las botas o por los votos. En la Argentina, la fuerza no ha generado aún pleno derecho; entonces, sigue apareciendo siempre como único resorte para dirimir las disputas y los conflictos. Si no son las botas, son los votos; ese no es el mecanismo que debemos seguir, porque no se trata aquí de imponer los votos a otros, sino que se trata de construir juntos. Una vez más, renovamos ese llamado, esa apuesta, y esta es otra oportunidad en donde el oficialismo – porque aún no hemos votado- tiene la posibilidad de acompañarnos en esta estrategia común.

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