Cabanchik en La Política On Line: “A Alfonsín lo dejamos solo” (06/04/09)
Lo primero que advertí al enterarme de la muerte del ex Presidente Raúl Ricardo Alfonsín fue que un sentimiento de vergüenza se hacía carne en mí de inmediato. Luego, vino la reflexión: el intento de pasar del sentimiento al sentido. Con ese afán escribo estas líneas, en la necesidad de hacer público mi testimonio personal.
No se trata de culpa sino de vergüenza, distinción válida a la hora de proyectar ambos sentimientos hacia la ética a que una y otra dan lugar: la primera no nos hace responsables, esta última sí. Deberíamos sentir vergüenza los argentinos por no habernos hecho cargo aún de nuestra deuda para con los logros de Alfonsín y por no asumir nuestra responsabilidad común para con sus fracasos. Lo que no supo, no pudo y no quiso, es en gran medida lo que todos nosotros como sociedad no supimos, no pudimos y no quisimos.
Poco a poco lo fuimos dejando solo, lo ninguneamos, como suele decirse, llevándolo a transitar un camino político muchas veces errático pero –a pesar de todo- siempre se mantuvo comprometido con la gesta histórica a la que le entregó sus mejores y mayores esfuerzos.
La historia se encargará de acumular diversos y encontrados sentidos sobre su acción política. En cualquier caso su figura, más allá del infinito de las controversias previsibles, constituirá un ejemplo ineludible de pasión y compromiso políticos con los destinos de nuestra comunidad. En honor a ese ejemplo, los treinta de octubre debieran ser feriado nacional, como el Día de la Democracia, porque de su mano en esa fecha comenzamos este viaje hacia la democracia plena, viaje en el que aún estamos, lenta y dificultosamente.
Recordemos cómo el pueblo recuperó en algún grado su vínculo con Alfonsín cuando su vida peligró a raíz de un accidente automovilístico. Síntoma de que los argentinos requerimos del cadáver mismo, literalmente, para cesar con nuestro canibalismo – y esto en el mejor de los casos, pues ni siquiera ha sido así con Evita y Perón, por citar ejemplos obvios.
Tal vez su inevitable muerte, Presidente Alfonsín, sea su último acto político, fundacional para los nuevos tiempos que vivirá nuestro dolido país. Claro que esto depende enteramente de nosotros. Se seguirá escuchando eternamente aquel “Raúl querido, el pueblo está contigo”, pero no solo porque ésta sea su muerte, sino porque está y estará en nuestras vidas, como una presencia señera para los días por venir.

Entradas RSS 






