Cabanchik en Radio Jai: “El doble discurso del kirchnerismo” (24/04/09)

Saber de filosofía y saber de política es algo extraño. Puede ocurrir, y ocurre, pero es recién en los últimos tiempos en que esa unión se aprecia como pacífica y alegre. E incluso como positiva. Por eso cuando en el 2007 asumió Samuel Cabanchik como senador, la prensa se mostró dispuesta a escucharlo. Y escucharlo implica atender a otra construcción en el armado de las frases, a otra forma de analizar la realidad. Una forma mucho más cercana a la filosofía. Porque eso es Samuel Cabanchik. Un docente y un respetado filósofo argentino.

Pero la retórica no le impide soltar la lengua. Ni le impide decir, por ejemplo, que D’elía “no es un francotirador suelto” refiriéndose a su permanencia en el gobierno de Kirchner. Y más exactamente: a sus expresiones antijudías y antisemitas. Ni le impide marcar la asociación de Kirchner con Rico, y defenestrar esta asociación por la cercanía de Rico con Seineldín, ese hombre que le decía a su tropa: “no hay caballo verde ni judío decente”.

Ni tampoco le impide hacer una fresca observación sobre el rabino Bergman. ¿Podrá Bergman involucrarse activamente en la política y continuar manteniendo sus funciones como rabino de la comunidad? Es algo que a lo largo de esta entrevista, Samuel irá respondiendo. Respuestas controvertidas y al punto. Y para reafirmar su punto de vista, es común escuchar el uso retórico del “¿no?” al final de sus frases. Una pregunta retórica que no espera respuesta, pero que en el caso de tener que hacerlo, no me hubiera quedado más opción que responder “sí” a la mayoría de las preguntas.

Y para empezar, un breve recuerdo al filósofo y epistemólogo Gregorio Klimovsky. Un hombre sumamente respetado por todos. Un hombre que supo unir la acción y el pensamiento.

-¿Qué opinión te merece la ida de un pensador tan importante en cuanto al pensamiento y en cuanto a la acción como fue Klimovsky?

-Klimovsky ha sido formador de muchos investigadores y muchos docentes, inspirador de muchas carreras académicas y científicas. Ha sido uno de los que introdujo en Argentina la tradición del pensamiento analítico. La impronta de una filosofía concebida en términos científicos. Es algo que quizás ha sido superado por nuevas formulaciones de la filosofía. Pero que tuvo una importancia histórica decisiva para el desarrollo del pensamiento en la Argentina.

-Lo que me interesa particularmente de Klimovsky es la manera en la que pudo estrechar el pensamiento y la acción.

-Él siempre estaba dispuesto a intervenir en el debate público. No se negaba a la requisitoria periodística acerca de problemas cruciales de intersección entre la ciencia y la ética. Aceptó formar parte de una gestión en el gobierno de Raúl Alfonsín cuando asumió el decanato de Ciencias Exactas. Y no tuvo problema de comprometerse públicamente con la verdad de su pensamiento aunque éste difiriera, entonces, del pensamiento del rector de la Universidad de Buenos Aires. Recordemos aquella expresión que usó de que el ciclo básico común eran las autopistas de Delich.

-Estaba pensando que en el presente tenemos a un miembro de la comunidad judía que en este momento está muy activo en la política, y que de alguna manera está uniendo el pensamiento con la acción. Estoy hablando de Sergio Bergman.

-Yo creo que hay un patrón que reconocer. El camino del pensamiento, del conocimiento y de la práctica política de ninguna manera tiene por qué ser antitéticos. En mi caso, por ejemplo, yo sigo siendo un filósofo, y esa es una condición básica que trato de seguir cultivando a pesar de ser senador nacional. Hay extremos en ambos casos. Cuando uno vive la acción en el extremo de la demanda pura de –casi- la no reflexión, del cálculo y la especulación política, o interés por sobre cualquier otra consideración, quizás sí se aleja del pensamiento. O cuando en el otro extremo alguien vive una vida de recogimiento y contemplación. En los intermedios se puede mezclar la contemplación y la acción. Y me parece que en la condición de un rabino esto debe estar equilibrándose constantemente. Si vamos a los tiempos antiguos y pensamos en comunidades pequeñas, el papel de un rabino era el papel de un referente comunitario. Ni puramente talmudista ni puramente funcionario.

-Hay un prejuicio establecido. Los miembros de una religión tienen que mantenerse contemplando y pensando pero siempre en cuanto a lo interno de la religión. Y no salir a la esfera pública.

-Las condiciones de una vida cosmopolita, tecnologizada, más mediatizada como es la nuestra hace que tal vez en el caso de un rabino su manera de estar presente en la comunidad no pueda excluir a la comunicación masiva. En ese sentido puede ser perfectamente compatible. Si hay un cambio de hábito –por decirlo así-, entonces tal vez la condición de rabino deba ser abandonada para ser un hombre enteramente público. No se puede instalar en ninguno de los dos extremos que dije antes, y mantenerse en ambas realidades. Un extremo excluye al otro.

-¿Estás diciendo que Bergman está más cerca de la política que de su tarea rabínica en la comunidad?

-Es posible que eso termine ocurriendo. Imaginemos a Bergman como candidato a una función ejecutiva. ¿Se puede ser –te digo lo que fuere- Jefe de Gobierno o Presidente de la Nación y seguir siendo un rabino de la comunidad? Hablando de un país que, por otra parte, no es un país que profese la religión o la tradición o la condición judía como condición de connacionales. Sería extraño. No digo que sea imposible. Pero habría que reelaborarlo de algún modo que le dé un sentido específico. Por otra parte, el vínculo con la palabra de Dios, con la tradición de una cadena de significaciones que se remonta a la palabra divina, yo creo que normalmente está asociada a una práctica del silencio, del recogimiento, casi del anonimato. En ese caso se perdería completamente, ¿no? En el caso de los supuestos que estuve fantaseando.

-A su vez hay un caso como Carrió. También está muy fuertemente involucrada en la política y también tiene un vínculo muy estrecho con la contemplación. Es muy común escucharla usando la fraseología religiosa.

-No tiene una condición institucionalmente consagrada a la vida religiosa. Es particularidad subjetiva de Carrió; como alguien puede usar significaciones futboleras para aplicarlas a la política, ella usa significaciones bíblicas. Creo que la analogía llega hasta ahí. Su compromiso religioso, solitario, debe ser mantenido como privado.

-Si hablamos de entrecruzar la religión en la política, hay un paralelismo que no es exagerado.

-Eso en relación al discurso. Yo lo estaba enfocando desde el punto de vista de la práctica concreta. El modo de articular el discurso en el caso de Carrió contiene una impronta importante de la tradición bíblica y de una actitud mística respecto de la tradición bíblica. Lo del misticismo no lo he encontrado en el caso del rabino Bergman. Sabemos perfectamente que la tradición rabínica no ha sido precisamente una tradición mística. Y tal vez sea lo contrario, ¿no?

-Hay algo en el imaginario común que se llama el voto judío. Sería un consenso en el judaísmo de votar por determinado candidato o determinado partido. ¿Existe el voto judío?

-Eso se ha debilitado mucho con los años. Me parece que alguna vez existió. Había una frase que se le endilgaba de forma antisemita al gobierno radical de Alfonsín. La frase era “La sinagoga radical”. Se usaba para acusar públicamente que había muchas figuras judías en el entorno del ex presidente Alfonsín. Eso lo veo en el comportamiento de la comunidad judía orgánicamente articulada. En el gobierno de Menem hubo acercamiento con el menemismo, en el gobierno de Kirchner acercamiento con el kirchnerismo. Hay referentes de la intelectualidad judía en todos los lugares que a uno se le ocurran. Desde el liberalismo más de derecha, en el centro y hasta en el izquierdismo, que en verdad es un populismo de izquierda. O populismo a secas. Habiendo tanta proximidad con los oficialismos de turno me parece que hoy no hay un voto judío cautivo de nadie. Seguramente ese voto estará –y esperemos- lejos de las figuras claramente antisemitas.

-¿Cuáles son esas figuras antisemitas?

-Claramente hay expresiones antijudías, antisemitas o al menos antiisraelíes en referentes que están cercanos al gobierno. Como D’elía. Y D’elía no es un hombre solitario, un francotirador suelto. Es alguien comprometido con la gestión Kirchner. Los otros días frente a las tremendas manifestaciones del presidente de Irán en Ginebra, el embajador argentino se quedó sentado mientras las representaciones diplomáticas de los principales países del mundo se retiraban. Luego viene la condena tardía de parte de la cancillería, cuando ya no importa demasiado. Hay falta de claridad en el gobierno argentino. Contiene vacilaciones, ambigüedades, indecisiones que un voto judío debiera tener en cuenta. Y después hay asociaciones como con Rico. Rico era un aliado de Seineldín, que terminaba sus arengas a la tropa: “Y recuerden siempre que no hay caballo verde ni judío decente”. Si ato todos esos cabos, me parece que ahí hay elementos que un voto judío no debiera consagrar nunca en las urnas.

-Cuando el kircherismo actúa tardíamente, ¿es una vacilación o un doble discurso?

-Es un poco un doble discurso. Hay un componente en el armado político interno del kirchnerismo que es antiisraelí seguro. Antisionista. Y el antisionismo es en el fondo antisemitismo. Antisionista es ser opositor a un ideario, a una obra, a una tradición, a una manera de organizar el estado en un momento determinado, a un socialismo de kibbutz. Y si se es anti Estado de Israel ya se es también antijudío. Lo único que es legítimo es oponerse a ciertas políticas de un gobierno. Yo mismo me opongo a muchas de las políticas de los gobiernos de derecha de Israel. Pero eso no me va a volver ni antijudío, ni antiisraelí, ni antisionista. Pero hay un componente en el gobierno de Kirchner -que D’elía expresa de un modo paradigmático- que es antijudío; cuando el judaísmo incluye la existencia del Estado de Israel. Eso debe conciliarse en el gobierno de Kirchner con una política internacional que trata de ser respetuosa de los poderes establecidos, de comunidades judías importantes, de tratar de tener relaciones con todos los pueblos y hacerle honor, por ejemplo, al atentado a la AMIA, al atentado a la embajada de Israel. Y de alguna manera el Estado argentino tiene una responsabilidad que asumir. Por eso debe conciliar ambas cosas.

-Partiendo del doble discurso latente en el kirchnerismo, ¿puede considerarse que el kirchnerismo tiene políticas antisemitas?

-Yo no diría de ningún modo que el kirchnerismo tiene políticas antisemitas. El kirchnerismo tiene componentes que son antiisraelíes y que yo creo que en ese antiisraelismo hay antisemitismo. Pero son algunos componentes del armado político kirchnerista. No la gestión Kirchner.

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