Cabanchik en Crítica Digital: “Boleta única, padrón único” (27/04/09)
En un contexto en el que la educación y la formación ciudadana no hacen distinción entre polleras o pantalones y en el que la igualdad de derechos políticos ha sido plenamente alcanzada, mantener una división tajante entre hombres y mujeres carece de total sentido. La división del padrón electoral no es más que un vestigio anacrónico para el que solía haber fundadas razones operativas. Hoy ya no las hay.
Antes de 1968 no existía un documento unificado y hombres y mujeres se identificaban distinto, portando la Libreta de Enrolamiento unos y la Libreta Cívica otras. Esta diferencia administrativa mostraba diferencias aún más tajantes: la diferenciación social de ambos sexos –los hombres cumpliendo el servicio militar, las mujeres gozando de su condición de civiles–, la profunda división de tareas y la evidente condición de advenedizas de las mujeres en el terreno político, puesto que les había concedido el voto hacía apenas 21 años, 35 más tarde que a su contrapartida masculina.
Hoy tenemos un Documento Nacional de Identidad que asigna un número distinto para cada persona, evitando la superposición de antaño. Los contratiempos burocráticos han desaparecido. ¿No es hora de terminar también con los contratiempos sociales?
El proyecto de boleta única que presenté en 2008 junto con otros senadores incluye el tema de los padrones, que implica, entre tantas otras cosas, la actualización de nuestro sistema electoral para que esté a la altura de una Nación integradora e igualitaria. Esto nos hará más justos. Y seguramente más sabios, ya que el día de las elecciones vamos a poder disfrutar de la influencia políticamente positiva de las mujeres que estén haciendo la fila con nosotros.

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