Intervención del Senador Cabanchik en la sesión del 02/12/09 – Debate sobre la ley de reforma política
Señora presidenta: hay otros dos caminos para interpretar el proyecto del Poder Ejecutivo nacional. Tal vez, no hayamos percibido la magnífica ironía que mueve al Poder Ejecutivo nacional y al oficialismo en su conjunto a defender, de la forma que lo hace, este proyecto y su contenido. Tal vez se debe todo a una ironía que no hemos sabido comprender. Porque hay dos posibilidades: o se trata de una ironía o se trata de que, realmente, están convencidos de que este es el contenido adecuado de una reforma política; de que este es el contexto adecuado para discutirla ahora, que esta misma Cámara a la que pertenecemos ha renovado en un tercio su composición, que ya hemos tomado juramento a los nuevos representantes del pueblo, devenidos de la votación del 28 de junio próximo pasado.
Claro, si en la actitud del Poder Ejecutivo nacional y del oficialismo legislativo que lo acompaña veo una ironía, tendría que entender que, por ejemplo, las mentadas y mal llamadas candidaturas testimoniales han sido un sacrificio de prohombres de la Patria.
Me voy a permitir leer la larga lista de candidatos que el 28 de junio pasado estuvieron en distintas listas: Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires; Sergio Massa, intendente de Tigre; Clotilde Acosta —artista—, o sea, Nacha Guevara; Cristina Álvarez Rodríguez, ministra de Infraestructura y Vivienda bonaerense; Jorge Rodríguez Erneta, intendente de Villa Gesell; Jorge Varela, diputado provincial; Sandro Guzmán, intendente de Escobar; Enrique Slezack, intendente de Berisso; Mario Secco, intendente de Ensenada; Graciela Rosso, intendenta de Luján; Gerardo Amieiro, intendente de San Fernando; Juan José Mussi, intendente de Berazategui; Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverría; Alberto Descalzo, intendente de Ituzaingo; Horacio González, presidente de la Cámara de Diputados —de la provincia, seguramente—; Julio Pereyra, intendente de Florencio Varela; Darío Díaz Pérez, intendente de Lanús; Gustavo Sobrero, intendente de Lobos; Antonio Di Sabatino, intendente de San Vicente; Alfonso Regueiro, intendente de Presidente Perón; Alexis Guerrera, intendente de General Pinto; Julio Domínguez, secretario de Agricultura de la Nación; Horacio Delgado, vicepresidente de la Cámara de Diputados provincial; Tomás Hogan, diputado provincial.
Estos son, seguramente, mujeres y hombres que han sacrificado su honor; que han dicho una palabra que no han cumplido; que han estafado al pueblo sólo, seguramente, en beneficio de aleccionarnos de la importancia de la democracia, de la importancia de la República. Quizá, por este camino, por esta reducción al absurdo a que nos tiene acostumbrados el Poder Ejecutivo nacional es que se han sacrificado en su honor, para poder decirnos: “fíjense lo que pasa cuando se pervierte a las instituciones, fíjense lo que pasa cuando no somos realmente democráticos”.
Hay candidaturas testimoniales, de manera que en lugar de transparencia, hay opacidad; en lugar de democracia, hay imposición; hay “tirarnos con el número”, que ya el oficialismo ha perdido y, en los hechos, ya está perdiendo con la nueva conformación del Congreso Nacional. No hay, entonces, ni democracia, ni transparencia, ni equidad en este proyecto.
Quizá irónicamente, a través de él, quieran aleccionarnos de la importancia de hacer otra cosa que lo que hace el Poder Ejecutivo nacional. Quizá estén sacrificándose por todos. Pero claro, si no hago la lectura irónica, tendré que pensar que hay cierta perversión en que el mismo Poder Ejecutivo nacional y el mismo oficialismo —que ha defendido el derecho de las candidaturas testimoniales— ahora nos imponga una reforma política —entre comillas—, con una mayoría exigua. Obsérvese que en la Cámara de Diputados se superó por poco la mayoría simple —134 ó 136 votos a favor— y que aquí, probablemente, también se va a obtener una mayoría exigua, en contra de la voluntad manifestada por el amplio arco opositor. O sea, estamos hablando de partidos nacionales: del Partido Radical, del Partido Socialista, de una gran parte del Partido Justicialista y de otros sectores y otros partidos políticos. Hubo más de veinte expresiones políticas que hace poco hemos firmado una solicitada en un matutino de circulación nacional en contra de esta reforma. Entonces, si esta no es una ironía, es la peor muestra del desprecio por la democracia, por la transparencia y por la equidad en el manejo de la cosa pública a través del gobierno, en la discusión de los proyectos y en el sostenimiento de las instituciones.
Aquí se han presentado muchísimos proyectos de reforma política. Todo el arco opositor ha presentado excelentes proyectos, y también lo han hecho muchos senadores que pertenecen al oficialismo. Pero esos proyectos nunca se trataron, porque nunca interesó la reforma política en este año y medio o más que llevo de senador. El oficialismo siempre se ha negado, incluso, contra el Reglamento, a tratar proyectos de reforma política presentados en tiempo y forma, que debieron ser tratados en comisión.
Pero no se trataron, como tantos otros. Eso sería transparencia; es decir, dar lugar al tratamiento de los proyectos legislativos que presentamos todos los senadores. Pero no ocurrió así, y, evidentemente, la interpretación irónica es difícil de sostener. Hay que pensar, entonces, que hay un gusto por pervertir el buen funcionamiento, serio y realmente transparente, de las instituciones en la Argentina, que se consagra una vez más en este proyecto.
Yo quisiera abocarme a la discusión de muchos de los contenidos específicos del proyecto pero, nuevamente, tenemos el empecinamiento del oficialismo de negarse a discutir, por ejemplo, el proyecto de boleta única, que presenté aquí junto con muchos otros senadores, que creo ha tenido un consenso expreso y formalizado en esta Cámara, de cerca de treinta senadores. Sin embargo, el oficialismo no se dignó a permitir su discusión; no digo su aprobación, sino —repito— su discusión.
A su vez, ha dejado a legisladores y funcionarios del oficialismo —lo hemos visto al ministro Randazzo, concretamente— mostrando una supuesta sábana inmanejable, para poder justamente votar con boleta única, o sea, falsificando públicamente en escenarios montados para ello la verdadera discusión. Eso no es ironía, eso ya es perversión. Eso significa insultar, incluso, la inteligencia de la gente.
Por eso he traído aquí —se lo he dado a todos los compañeros de la Cámara: senadores, senadoras y, también, a la Presidencia— esto que estoy exhibiendo: uno de los sobres que usamos habitualmente para nuestra correspondencia. Sin embargo, tan chico como es, ¿qué contiene? Contiene, efectivamente, la boleta única de diputados nacionales, tal cual hubiera sido en la Capital Federal.
Entonces, a la sábana de Randazzo y de Aníbal Fernández le muestro una pequeña funda que podría haber sido perfectamente enfundada en el sobre y puesta en la urna sin ningún problema. Aquí tengo 27 listas a diputados nacionales, con sus titulares y sus suplentes. Fueron las listas que el 28 de junio último encontró en el cuarto oscuro el votante de la Ciudad de Buenos Aires. Obsérvese qué fácil y qué realizable resulta votar con esta boleta que exhibo aquí, que constituye un ejemplo casero, hecho en casa. Seguramente, con la mente y la técnica sofisticada del Poder Ejecutivo nacional, se podría hacer una mucho mejor. Así que sólo se trata de marcar, doblar, poner en un sobre la boleta y votar. De modo tal que no había, ciertamente, ninguna dificultad técnica para realizar la votación con la boleta única. Sin embargo, estuvimos sufriendo a los funcionarios del Poder Ejecutivo nacional, enrostrándonos unas sábanas que serán para cubrir otras cosas, pero que no son las que debían ser utilizadas como boletas únicas.
Esto es perfectamente realizable, como acabo de exhibir, aun si se quisiera incluir a todos los titulares y a todos suplentes de todas las boletas en esa boleta con la que se manifiesta el voto. Porque de lo contrario, con la gigantografía en el cuarto oscuro y poniendo en la boleta los primeros nombres titulares y suplentes, o el primer nombre, o el logo y el nombre del partido político, también se podría hacer. Pero si esto pareciera oscurecer la expresión del voto popular, aquí tienen la boleta única completa. Pero ni siquiera eso ha permitido el Poder Ejecutivo nacional.
Entonces, tenemos candidaturas testimoniales, y luego se habla de transparencia; a pesar de que no se dignan a discutir la posibilidad de transparentar el voto, como hubiera ocurrido en el caso de la boleta única. No digo que la boleta única sea la solución a todos los males del sistema representativo argentino, pero era un instrumento para mejorar algunas de las falencias que tenemos. Era solo eso. Pero como el Poder Ejecutivo nacional y el oficialismo parlamentario hacen de todo tema una cuestión que hay que ganar a todo o nada, con una polarización y una dicotomización salvaje de la discusión pública de la política y de la democracia, no nos resulta posible avanzar en nada.
Acabo de estar en el Uruguay y, la verdad, sentí vergüenza de lo que somos frente al espejo que nos ha mostrado el Uruguay en estos días. Es extraordinario lo que vi. Lo que más me llamó la atención fue la serenidad que se respiraba en el centro de cómputos o en los lugares de reunión de todas las autoridades y militantes, que estaban realmente dando una fiesta popular en el Frente Amplio.
A su vez, me sorprendieron las palabras del presidente electo, Mujica, y del vicepresidente electo, que pertenecía en su origen a otro sector pero ahora están juntos, dándole cuerpo a esa fuerza nueva. Del otro lado, blancos y colorados se juntaron en esa segunda vuelta, para ofrecer resistencia, pero no hubo incidentes en la calle. Hubo fiesta en todas partes y hubo discursos de consenso. El mismo lunes inmediatamente posterior a las elecciones, el presidente electo Mujica se reunió con los representantes de los partidos derrotados, es decir, con los opositores, con Bordaberry y con Lacalle, y los llamó a la unidad nacional y a ser parte del gobierno. Esto demuestra, claramente, que hay otra forma de gobernar y de transformar la política en serio. Lo que ha ocurrido en el Uruguay es una transformación de la política a través de la sociedad y para la sociedad.
Frente a eso, tenemos una reforma parcial, electoral y a espaldas de la sociedad, en la cual no tuvimos foros de reforma política como hubo para la ley de medios audiovisuales. Es decir, que esta reforma no se trabajó con el votante. Si fuera una reforma para el pueblo y para que se exprese mejor la voluntad popular, ¿por qué no hacerla, entonces, con el pueblo, en lugar de hacerla a espaldas al pueblo? ¿Por qué no se hizo con el consenso de otros representantes del pueblo?
Se ha perdido en la Argentina el sentido de ser argentino, al menos, en la expresión política que le damos a la sociedad; porque antes que oficialistas y opositores, somos argentinos. Y así como quedaron repartidas las cosas el 28 de junio pasado, debiera el oficialismo tomar nota, de una buena vez, de que una enorme cantidad de nuestro pueblo, de todos nosotros, no está a favor de la forma ni de la orientación de este gobierno, ni de los contenidos de muchas de sus políticas. Entonces, ¿cómo no escuchar la voz del pueblo que se ha expresado el 28 de junio y que va a hacer de este Senado y de la Cámara de Diputados un escenario muy distinto de la democracia a partir de las sesiones ordinarias que se avecinan?
¿Cómo hacemos para discutir seriamente? Si tomo esto por el lado de la ironía, no puedo ser serio frente a esta propuesta del Poder Ejecutivo. Si lo tomo como perversión, debiera gritar insultos. Entonces, debo decir que deben estar convencidos de que este es un buen instrumento. Pero si es un buen instrumento, o si están convencidos de ello, ¿por qué inauguran el plenario de comisiones como lo hicieron la semana pasada, diciendo de antemano que no están dispuestos a modificar nada? Esto es aberrante desde el punto de vista de lo que debe ser el ejercicio responsable de los cargos que ocupamos. Porque, ¿cómo puede ser que al comienzo mismo del plenario, donde debiera debatirse esta reforma, se nos diga desde la presidencia que no se está dispuesto a modificar absolutamente nada? ¿Esa es la verdad de la voluntad expresada por el oficialismo? Acá no hay reforma política. Acá no hay democracia, transparencia ni equidad, ya sea en los contenidos del proyecto, las formas, las dinámicas y los procesos que lleva adelante el Poder Ejecutivo.
Personalmente, he propuesto varios proyectos de reforma política. El proyecto S-1818/09 por el que se tendía a modificar el Código Electoral Nacional respecto de la regulación de la publicación de encuestas electorales. Esto se halla en el proyecto oficial, aunque previendo menos días de restricción que el propuesto por mí.
El proyecto S-1659/09 por el que se modificaba el artículo 33 de la Ley 23.298) Ley Orgánica de los Partidos Políticos— respecto de las causales para no poder ser candidato a cargos públicos electivos de autoridades nacionales. Se trataba de una iniciativa que tendía a evitar futuras candidaturas testimoniales. Tampoco el oficialismo se dignó a darle tratamiento. Fíjese, señor presidente, que ya no digo a votar a favor de ellos sino a darle tratamiento. Miren qué cosa mínima es la que se solicita.
También he presentado el proyecto de boleta única, al que ya hice referencia, y el proyecto de ley por el que se establecían normas para la asignación de la publicidad oficial. Todo este conjunto de proyectos, como tantos otros del oficialismo y de la oposición, estaban destinados a perfeccionar nuestro sistema representativo, republicano y federal.
Ahora bien, frente a eso, ¿qué tenemos? Una voluntad cerrada, absolutamente acrítica de parte del Poder Ejecutivo y del oficialismo parlamentario en sostener un proyecto que no tiene ningún consenso, al que no se le dio ninguna oportunidad de conformar un consenso, que bien podría haberse logrado. Para el oficialismo gobernante eso sería símbolo de debilidad.
Cuán frágil debe ser una construcción de poder si piensa que se cae, que muestra fragilidad y debilidad con sólo consensuar un aspecto de una reforma política que debería ser una cuestión de Estado ya que hablamos del sistema mismo por el cual se consagra la representación popular.
Este gobierno ha mostrado y sigue mostrando incapacidad para conducirnos en base a un horizonte más amplio que nos incluya a todos. ¿Por qué el gobierno actúa solamente para sí mismo y para sus adeptos y no para la totalidad del pueblo argentino? Para transparentar la voluntad popular hay que darle de comer a la gente, hay que ser equitativos en ese terreno. No hay que tener casi el 30 por ciento de la población bajo la línea de pobreza e indigencia ni que los chicos tengan dificultades para estar en el colegio ni que se vayan a la droga o al delito. Eso es hacer equitativa a la sociedad. Para que haya voto equitativo tiene que haber una sociedad equitativa. Pero acá nos imponen un proyecto no equitativo en una sociedad cada vez más injusta, donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

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