“Por la Recuperación de la Confitería del Molino” (08/10/10)

El Senador de la Nación por CABA, Samuel Cabanchik (PROBAFE) y la Agrupación “Para que se restaure la Confitería del Molino” realizarán un encuentro artístico mañana, a las 15 horas, en la esquina de las avenidas Rivadavia y Callao para apoyar la iniciativa de restaurar y reabrir la Confitería del Molino.

El Dr. Cabanchik (autor del Proyecto de Ley que pide la expropiación de dicho inmueble para su reapertura), Paula Acunzo (“Para que se restaure la Confitería del Molino”) y Alfredo Mayer (Ingeniero que nació y vivió durante varios años en el mencionado edificio) dirigirán unas palabras.

También se presentarán las cantantes Melina Yiso y Alicia Torres y la pareja de baile compuesta por Alberto Catalá y Belén Montiel. Por su parte, la artista plástica Luciana Finkielsztoyn dibujará un mural de la Confitería en el cual la gente podrá dejar su firma en apoyo a la recuperación de este tradicional edificio de la ciudad.

PROYECTO DE LEY
ARTICULO 1º.- Declárase de utilidad pública, y sujeto a expropiación, por su valor histórico y cultural el inmueble de la “Confitería del Molino”, ubicado en Av. Rivadavia 1801/07/15 esquina Av. Callao 10/20/28/30/32 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, identificado según mensura bajo la nomenclatura catastral: Circunscripción 11, Sección 9, Manzana 74, Parcela 23.

ARTICULO 2º.- Autorízase al Poder Ejecutivo Nacional a adquirir dicho inmueble a un precio que no exceda lo establecido por el Tribunal de Tasaciones de la Nación, conforme al Título IV de la Ley 21.499

ARTÍCULO 3°.- El Poder Ejecutivo Nacional transferirá sin cargo al patrimonio del Congreso de la Nación el inmueble identificado en al Artículo 1° de la presente ley.

ARTÍCULO 4°.- Creáse en el ámbito del Poder Legislativo de la Nación la Comisión Administradora del “Edificio del Molino”, que oficiará como su órgano de representación, dirección y administración. Dicha comisión estará integrada por:
a) Los Presidentes del Honorable Senado de la Nación y de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación;
b) Los Presidentes y Vicepresidentes de las Comisiones de Educación y Cultura de ambas Cámaras.

ARTÍCULO 5°.- El citado inmueble será destinado a las siguientes actividades:
a) El subsuelo y la planta baja deberán ser concesionados para su utilización como confitería, restaurante, local de elaboración de productos de panadería, pastelería o cualquier otro uso afín a dichas actividades
b) El resto del edificio deberá consagrarse a:
1) Un museo dedicado a la historia de la “Confitería El Molino” y el rol que esta tuvo en el crecimiento y consolidación de la democracia argentina;
2) Un centro cultural a denominarse “De las Aspas”, dedicado a difundir y exhibir la obra de artistas jóvenes argentinos que no haya sido expuesta públicamente en ningún medio.

ARTICULO 5°.- Los recursos económicos obtenidos como fruto de la concesión, así como aquellos producto del funcionamiento del museo y del centro cultural se destinarán preferentemente a la gestión y mantenimiento del edificio.

ARTÍCULO 6°.- El Poder Ejecutivo Nacional deberá contemplar en la partida del Presupuesto Nacional los recursos necesarios para dar cumplimiento a lo establecido en la presente ley, incluyendo en ella los gastos de reparación y puesta en valor del edificio.

ARTÍCULO 7 ° Comuníquese al Poder Ejecutivo Nacional

FUNDAMENTOS
Señor Presidente:
La Asociación internacional World Monuments Fund, la organización privada sin fines de lucro más destacada, dedicada a la conservación del patrimonio histórico, artístico y arquitectónico a nivel mundial, incluyó en su listado de cien sitios culturales en peligro al centro de Buenos Aires, y dentro de él, a la mítica “Confitería del Molino”.

Este enclave nació en el año 1848 a cien metros de su actual emplazamiento, en las calles Federación y Garantías (actuales Rivadavia y Rodríguez Peña). En ese entonces era conocido como “Confitería del Centro”. En 1858, los italianos Constantino Rossi y Cayetano Brenna adquirieron la confitería y la rebautizaron “Antigua Confitería El Molino”, por su cercanía al molino Loera, instalado entonces en un sector de la Plaza de los dos Congresos.

En 1904, Cayetano Brenna compró la esquina de Callao y Rivadavia y posteriormente los edificios de Callao 32 y Rivadavia 1815. En 1917, decidido a remodelar y dar brillo a la confitería. Hizo traer de Italia todos los materiales y elementos indispensables para encumbrar su negocio con vitraux, cristalería, mosaicos, mármoles y aberturas.

Algunos vestigios de esta suntuosa construcción aún se ven en las puertas de acceso a las viviendas, adornadas con finas imágenes felinas; en la escultura cobijada en la hornacina de la fachada principal; en las cerámicas de oro -todavía deseosas de resplandecer en la mansarda- y en las aspas pétreas del molino simbólico. La monumental obra fue encomendada al arquitecto Francisco Gianotti, cuya empresa familiar proveyó varios de estos elementos decorativos. De acuerdo al plano de Gianotti, los tres subsuelos, la planta baja y el primer piso serían ocupados por el local comercial —sector de panificación, bodega y depósito; confitería y salón de fiestas, respectivamente— y los demás pisos, por viviendas y oficinas. Así, desaparecía la “Antigua Confitería del Molino” de Rossi y Brenna para dar paso a la rutilante pastelería de estilo art nouveau ubicada frente al edificio del Congreso de la Nación.

Dentro de las exquisiteces que se degustaban en el lugar a la hora del té, se encontraban los merengues, el marrón glasé, el “Panettone de Castañas” y el “Imperial Ruso”, (conocido en Europa como “Postre Argentino”), que había sido creado por Don Cayetano Brenna en 1917, en solidaridad con la familia real rusa.
Se cuenta que fue aquí donde habría nacido el famoso postre “Leguizamo” (una base de bizcochuelo y hojaldre, con merengue, marrón glasé, higos glaseados, crema imperial con almendras, dulce de leche y recubierto con fondant, grana de chocolate y almendras picadas); un pedido de Carlos Gardel al maestro repostero para regalar a su amigo el jockey Irineo Leguizamo.

La Confitería fue el sitio de encuentro predilecto de la sociedad burguesa de principios y mediados del siglo pasado. Artistas e intelectuales sucumbieron ante las delicias que ofrecía la flamante Confitería revestida con mármoles italianos y detalles en bronce. Eva Perón, Lisandro de la Torre, Alfredo Palacios, Carlos Gardel, Leopoldo Lugones y otras figuras sobresalientes de la historia civil y política argentina también se dieron cita allí para degustar los merengues, el panettone de castañas y los tés y los cafés que don Cayetano se encargaba de servir personalmente.

Por su ubicación geográfica, el edificio padeció los vaivenes que desde siempre caracterizaron a la vida política del país, y en 1930 fue incendiado durante el golpe de estado que derrocó al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen. Posteriormente, la Confitería fue reconstruida; pero ocho años después, la muerte de don Cayetano fue una señal de lo que sucedería en las décadas venideras. La Confitería pasó a manos de diferentes dueños, luego se vendió el fondo de comercio y la marca y, al poco tiempo, los compradores presentaron la quiebra. Es allí cuando los nietos de Brenna recuperaron la Confitería y lograron revivirla. Sin embargo, durante los años 90, la terrible competencia comercial destrozó las esperanzas de prosperidad y en 1997 la Confitería del Molino cerró definitivamente.

El proyecto de ley que aquí presento aspira a cumplir múltiples funciones. En primer término, se trata de recuperar el patrimonio histórico de la ciudad, de modo tal de poder volver a contar con uno de sus principales exponentes del art nouveau.. La reapertura de la confitería no sólo permitirá a los vecinos de la ciudad de Buenos Aires y a sus visitantes disfrutar de este tradicional paseo, sino que además servirá para la gestión y mantenimiento del edificio, dado que parte de las ganancias obtenidas por la confitería concesionada deberán destinarse a tal fin.

En segundo término, la creación de un museo que tenga como eje principal a la “Confitería del Molino”, resultará una forma alternativa de retratar parte de la historia de la Ciudad de Buenos Aires y de la política nacional de una forma vivencial. El hecho de que la confitería y el museo funcionen en el mismo edificio hará del recorrido histórico una experiencia multisensorial. De este modo, sus visitantes podrán evocar y –literalmente- degustar fragmentos de la historia nacional en los que el edificio de la esquina del Congreso de la Nación adquirió un rol preponderante. En este sentido, no debe olvidarse que la “Confitería del Molino” ha sido escenario de reuniones de diputados y senadores nacionales a lo largo de sucesivos períodos legislativos, así como también fue sede de las primeras reuniones del “Foro del pueblo argentino contra el terrorismo de estado”, convocado en 1983 por las Madres de Plaza de Mayo, la Asamblea por los Derechos Humanos, la CGT y la Asociación de familiares detenidos y desaparecidos.

En tercer lugar, y en clara sintonía con el rol en la escena cultural y artística que la confitería solía ocupar –escritores de la talla de Roberto Arlt u Oliverio Girando (quien incluso lo menciona en su poema “Las chicas de Flores”) han sido sus habitués-, la iniciativa propone la creación del Centro Cultural “De las Aspas”, en donde se expondrán obras de artistas jóvenes nacionales que no hayan sido expuestas públicamente en ningún otro medio. Asimismo, desde el centro cultural, se fomentará el debate sobre las artes y las letras, ya sea a través del dictado de talleres y conferencias, así como a través de la organización de concursos y el otorgamiento de becas, entre otras iniciativas. Asimismo, considero que su proximidad al Congreso Nacional facilitará la sinergia en la coordinación y el intercambio entre los distintos gobiernos provinciales para la realización de eventos y exposiciones en la capital de la República.

Consecuentemente con lo expresado, la gestión del edificio estará a cargo de una Comisión Administrativa, creada en el ámbito del Poder Legislativo Nacional, integrada por los Presidentes de la Cámara de Diputados y la de Senadores, así como también por los Presidentes y Vicepresidentes de las comisiones de Educación y Cultura de cada una de ellas. Esto permitirá una mayor participación de las provincias en la gestión de un edificio tan importante para el patrimonio histórico-político nacional y, tal vez, hasta un desplazamiento de esa cooperación hacia el área de la cultura y las letras, posibilitando por ende un mayor intercambio artístico que enriquezca a todo el pueblo argentino, ya sea a través del debate de ideas, como de la difusión de la producción de nuestros jóvenes artistas.

Por todo lo anteriormente expuesto, solicito a los señores senadores me acompañen con su voto para la aprobación de esta iniciativa.

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