“Coalición Cívica: Esperanzas y decepciones de la política” (03/07/11)

Por Samuel Cabanchik

En nuestro país, las diferentes fuerzas políticas que intentan terciar entre el radicalismo y afines y el peronismo y sus formas, tanto por derecha como por izquierda, suelen terminar fracasando o bien reduciéndose hasta convertirse en una fuerza residual. La Coalición Cívica, al igual que otros espacios políticos, enfrenta estos peligros.

Esta es la imagen que ha quedado establecida claramente después de las elecciones para diputados de 2009 y las presunciones de los resultados que se vislumbran para este 2011. Además, es destacable el hecho de que no se hayan concretado incorporaciones sino más bien, como es mi caso, alejamientos del espacio. Ante todos estos elementos, la figura resultante es la de una fuerza que decrece.

Por otra parte, ha cambiado su “funcionamiento ideológico”, tal vez privilegiando alguno de los pilares en base a los que se constituyó. Oportunamente, hubo un triple contrato que le ofrecimos a la población: redistribución de los ingresos, la lucha por la ética en la gestión pública y el compromiso republicano; pero estas formulaciones, muy amplias o generales quizá, no han podido servir para definir un perfil determinado, lo que lesiona la representación.

En este sentido, el presente muestra una foto de fractura política. El radicalismo se ha vuelto a unir con elementos no radicales para tener mayor fuerza electoral, mientras que el peronismo está dividido. Desde el punto de vista histórico, la Coalición Cívica, como otros espacios políticos, es un intento más de tercera posición para superar el bipartidismo, pero no ha sabido ser exitosa, razón por la cual se redujo a su imagen actual.

Recordemos, sin embargo, que su conformación fue a paso firme y con una elección magnífica en 2007, pero los peligros que ahora la acechan, en gran medida, derivan de su escaso desarrollo interno. Le faltó democracia, articulación e institucionalidad puertas adentro. Si bien una fuerza política suele nacer de una manera determinada, con un liderazgo impetuoso como es en este caso el de Elisa Carrió, luego debe superar esa marca de origen y constituirse en un espacio que tenga distintas corrientes, debates, crecimiento y diferentes maneras de resolver puntos de vista encontrados. Al no haber nada de esto, no hay posibilidades de transformación interna.

Por consiguiente, sólo ofrece dos opciones: permanecer en un verticalismo, circunscripto en un espacio que se reduce, o irse. No hay mediaciones que hagan posible contener a los referentes dentro de un cuerpo político con esas características. Dichas observaciones alcanzan para entender el presente de la Coalición Cívica, a las que se les podrían agregar la intransigencia en los acuerdos políticos con las otras fuerzas para constituir una alternativa electoral superadora.

Si este espacio quisiera recuperar la imagen positiva de 2007 debería volver a convocar a la gente que se sintió atraída por el proyecto originario y que colaboró en su elaboración. También podría convertirse en un partido político, con todas las de la ley, con un estatuto, instancias de resolución de conflictos, posibilidades de dirimir las diferencias dentro de la propia fuerza, a través de afiliaciones nuevas, y definiendo más claramente la representación que se pretende.

Tomando una foto de la Coalición Cívica hoy y comparándola con una de su inicio y otra de 2007, veríamos numerosos cambios, tanto en las figuras más convocantes que permanecieron en el espacio, como en los posicionamientos públicos dentro del Congreso Nacional.

*Senador nacional (CABA), Probafe.

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