“¿Leo está?” (Perfil; 10/07/11)

Samuel Manuel Cabanchik *
En estos días hay una pregunta que suena tanto o más que “¿quién ganará las elecciones de la Ciudad?” o “¿cuándo se terminarán las malditas cenizas?”. Se puede formular de muchas maneras, pero elijo esta: “¿Messi está?”. Me uno al coro mientras imagino lo peor: que ni le ganemos a Costa Rica.
Comprobaciones: 1. El fútbol de Messi no está en nuestra Selección, se quedó en el Barça. 2. El fútbol de la Selección tampoco está en ninguna parte, incluso cada vez menos en nuestras expectativas. 3. Me dicen que contra Colombia, Messi ni cantó el himno (no llegué a ver el comienzo). 4. Tenemos individualidades extraordinarias que por momentos no hacen ni un equipo de segunda. 5. Como es costumbre desde hace años, el técnico genera dudas.
No voy a pretender hablar de todo esto siendo apenas un aficionado al que tuvieron la ocurrencia de convocar para escribir sobre nuestro karma futbolero. Sólo quiero arriesgar conjeturas para interpretar la ausencia o fuga de Messi. No se trata de un jugador que nos tenga acostumbrados a esos pozos intermitentes de Alonso o Bochini, pues en el Barça siempre está metido en la acción. Tampoco puede decirse que ahora esté pasando por un mal momento futbolístico; por el contrario, viene de los mayores logros con su equipo.
Eliminadas estas opciones, las razones están en él y en su relación con la Selección argentina –pues tampoco desarrolló todo su fútbol en el Mundial. El hecho de que el equipo mismo no funcione no es una buena explicación, porque incluso podría ser una circunstancia estimulante para que reine y brille en medio de la mediocridad, cómo más de una vez hizo Maradona. ¿Por qué entonces no está Messi con su fútbol en la Selección? ¿Hay otra explicación que ésta para el tiro libre que pateó el otro día contra Colombia, horrible aun para un jugador de rugby?
Los hechos son que Messi es un jugador de fútbol y que es argentino, pero no es un jugador de fútbol argentino; aun tiene que conquistar esta nueva condición: ser el genio futbolístico que es, pero no para sí, para el Barça o para quien fuere el otro con que el que se vincula. Messi tiene que transfigurarse y ser genial para nosotros, por lo que debe amigarse con su condición de argentino. Hay que ayudarlo a que encuentre en la albiceleste el símbolo de una nueva referencia que lo oriente, que promueva en él el deseo de hacernos felices y campeones a través de su maravillosa gambeta, de su gol.
Todavía es posible que a la pregunta ¿Lio está?, la respuesta sea: “¡Sí!, la Pulga se está poniendo los cortos y calzando los botines. ¡Agárrense, se viene el mejor de todos!”
* Filósofo y senador nacional.

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